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El conflicto político venezolano, más allá del horizonte.

por: Diosmel Rodríguez    Miami – abril, 2005

El conflicto político venezolano es más complicado de lo que parece, no se trata de un país con un presidente que entroniza una dictadura autoritaria. Venezuela forma parte de la infraestructura y logística de una corriente ideológica, que bajo sus intereses, aglutina las más sombrías ambiciones políticas contemporáneas. Para entender esa realidad hay que verla en una perspectiva mayor, en el contexto mundial.

El mundo se rige por dos grandes corrientes filosóficas, muchos se empeñan en bautizarlas como derecha e izquierda. La derecha centra su estrategia ideológica en la fuerza del capital económico, bajo la ley del mercado rige y organiza la sociedad. La izquierda centra su estrategia en el capital social, exacerba sus diferencias económicas en la dinámica evolutiva de la sociedad.

El capital económico, a través de la libre empresa, se convierte en la única razón política de su perfil filosófico. Su poder político estará basado en su capacidad de presionar las voluntades con acciones económicas, bien puede ser a través de la corrupción, presiones financieras o recortes económicos con efectos sociales. Todos estos mecanismos son válidos para potenciar o remover el poder político.

El capital social está compuesto por elementos humanos, con capacidad de acción y reacción. Individuos, llenos de energías -muchas veces negativas - que bien utilizadas y canalizadas, pueden ser convertidas en una gran fuerza política con impacto social. La izquierda ha logrado todo un estudio científico del comportamiento sociológico y psicológico de las personas, determinando sus motivaciones como elemento de convocatoria, que garanticen su acción movilizativa y convertirla en herramienta de la lucha social.

Ahora veremos como una acción interactúa con respecto a la otra. La movilización social con revueltas populares desestabiliza el poder económico, afecta los intereses de quienes lo representan, que presionarán al  poder político, obligando a deponerlo a los que lo ostentan, como alternativa de solución al conflicto.

La izquierda es la única corriente ideológica con motivación política que cuenta con estructuras sociales, una red mundial cuidadosamente conformada, presupuesto para logística y propaganda política, capacidad de acción ejecutiva operativa y un centro de inteligencia ideológica que rige la estrategia de su doctrina.

La derecha centra su estrategia en la fuerza del poder económico, vulnerable a la corrupción, la extorsión y al temor  de ver afectados los intereses personales. No tiene logística y se conduje bajo su propia inercia, actuando políticamente por reacción, muchas veces de forma ilógica e irracional. La derecha no tiene tribuna ni interlocutores activos, por sus obras no se conocerá.

El problema venezolano se hizo más complejo cuando se calificó de asunto doméstico, de incumbencia nacional, inherente a su oposición y su pueblo, sólo de manera formal se aceptó la observación extranjera en el proceso electoral revocatorio. En Venezuela convergen intereses mayores, como hemos enunciado anteriormente. La solución del conflicto venezolano depende de una estrategia coherentemente diseñada, tomando en cuenta incluso, la memoria histórica de conflictos similares.

El proceso cubano es lo más parecido a lo que sucede en Venezuela, poniendo en práctica la experiencia de sus propios métodos, por aquello de que “siempre que pasa igual sucede lo mismo”. Sin embargo no ha sido tomado en cuenta por la dirigencia de la oposición venezolana, encargada de trazar y definir la estrategia política y de acción dentro de este proceso. 

La oposición venezolana ha perdido los dos elementos fundamentales de la lucha social, el poder de convocatoria y la capacidad movilizativa. En declaraciones públicas a veces se hace referencia a ello, pero sin proyecciones para recuperarlas, como se observa en las citas siguientes:

“La población opositora que es, sin duda, mayoría en el país no volverá a movilizarse, ni en las calles ni en las urnas, hasta que pueda volver a confiar en un proyecto político serio, coherente, firme y valiente”.

”Y para que eso suceda es necesaria una amplísima renovación de los cuadros dirigentes de la oposición y un entierro definitivo de esos partidos que, muertos desde diciembre del 98, sus familiares y amigos se niegan a llevar a la tumba sin darse cuenta de que su nauseabundo olor está contaminando a todo cuanto se le acerca”.

“Sólo un viento nuevo, fresco y puro, permitirá que la ilusión y la esperanza se alojen de nuevo en el corazón de millones de venezolanos que viven hoy en la angustia y el desasosiego”.

Frank de Prada
Editor de Noticiero Digital

En las comparecencias públicas, así como en  muchas publicaciones, los protagonistas se enfrascan en buscar un culpable, responsabilizar a alguien con los fracasos de estrategias o cuestionar toda iniciativa que se proponga, sin ofrecer una alternativa, inclusive personal sobre lo que se debe hacer y ponerse en función de hacerla realidad, por muy descabellada que parezca, siempre aportará algo positivo.

El refrán dice:”Siempre que pasa igual sucede lo mismo”  El proceso venezolano, desde el principio,  se empezó a considerar por sus propios protagonistas como algo diferente, no debía relacionarse con procesos políticos históricos, porque el pueblo venezolano y las propias estructuras e intereses nacionales eran diferentes.

“Y vuelve la mula al trigo” Yo que viví con entera intensidad el proceso cubano, no he visto dos cosas tan parecidas, por eso considero el método algo científicamente probado, en lo que a psicología de masas se refiere. La estrategia para conseguir algún éxito frente al actual gobierno venezolano debe comenzar por un estudio pormenorizado del comportamiento de todos los componentes de la sociedad cubana al principio de la “Revolución”. La acción y reacción de la oposición en aquel momento, las reglas del juego que trazó el llamado “Gobierno Revolucionario” y el tejido social existente,  sólo así podrán encontrar un verdadero antídoto de lucha.

En cuanto a todo lo que se hace en días precedentes, siempre surgirán requerimientos, y siempre habrá quien diga que  otras cosas se pudieran haber hecho, pero ahora lo fundamental,  como dice Armando Rodríguez   “defender lo que queda de patria con lo que queda de democracia”.
 
En política cualquier tiempo es poco. Ahora deben establecer las condiciones para las elecciones del 2006, a partir
de las consecuencias de los errores anteriores. Los oficialistas van a venir con la misma estrategia que le dio la victoria, pero  más perfeccionada; y la oposición, ¿qué, va a permitir el mismo procedimiento electoral? Si el pueblo venezolano pierde las próximas elecciones, entonces va a tener Chávez para rato.

La única manera de salir del gobierno de Hugo Chávez es actuando con rapidez dentro del período electoral que queda y enfocando la lucha de la oposición al incumplimiento social del gobierno, movilizando los sectores más desposeídos en busca de la prebenda prometida. Tienen que buscar un líder con carisma caudillista, de discurso popular y de nueva generación, que apoyado por una oposición encubierta movilice los más amplios sectores de la sociedad. Dicen que no hay peor cuña que la del mismo palo y el antídoto sale del propio veneno.

El temor a  actuar con métodos populares, para distanciarse de la estrategia de la izquierda, puede ser fatal. La estrategia que proponga utilizar la fuerza movilizativa de clases intermedias solamente está condenada al fracaso, porque siempre estarán a riesgo de comprometer o perder algo. Los que nada tienen, siempre son los que más se arriesgan, porque siempre tendrán una motivación para hacerlo.


Diosmel Rodríguez, Economista cubano radicado en Miami desde 1997.
Expreso político.