PARTIDO CUBANO DE RENOVACIÓN ORTODOXA

                 

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Cuba: pasado, presente y futuro
Por: Diosmel Rodríguez Vega

Cuando llegaron aquellos días de alegría, que la emoción del triunfo nos sacó del pecho el susto del horror vivido, habíamos conquistado el verdadero estadío de la especie humana, o al menos una gran mayoría lo habría interpretado así.

Sí, porque muchos hemos olvidado el horror de la guerra, otros no estuvieron presentes en ella y los más nacieron después de esa época. Si, hubieron momentos espantosos, los bombardeos aéreos, uno que otros combates cercanos en los que participaba algún familiar y los ultimados en plena vía pública, casi siempre un adolescente.

Después vino lo peor, las contradicciones entre nuestros propios admirados y la llamada justicia revolucionaria, de ensañamiento y odio de los vencedores contra los vencidos, que no fue más que la continuación de la política de guerra que se venía aplicando desde la misma Sierra Maestra, con fusilamientos por decisiones superficiales o estratégicas que trajeron el luto a más de una familia.

Todos estos desmanes se ligitimizaban con el triunfo y aunque las fuerzas que asumieron el poder no tenían experiencias en la administración de gobierno, tuvieron el tiempo necesario para estructurarlo y gobernar por la fuerza bajo una aparente voluntad popular, condiciones que sólo permite una transformación  violenta, como las revoluciones.

Si a todo esto le sumamos las confiscaciones arbitrarias de tierras y otras propiedades podemos comprender la fragmentación de las fuerzas vivas de nuestra sociedad en esa época, pero que además los fusilamientos reales y encarcelamientos prolongados inculcaron en nuestra población un sentimiento de fobia represiva o pánico institucionalizado.

La desaparición de las estructuras sociales y la suplantación de las clases dejaron el país en una indefensión total, por lo que la lucha interna perdió toda su logística y se depositó toda esperanza a acciones desde el exterior, impulsadas por la voluntad democrática de una potencia como Estados Unidos, en acción simultánea con  los exiliados.

Aunque al inicio esta estrategia falló con el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos o Playa Girón como guste llamarle y la aniquilación de la resistencia interna como la del Escambray y otros focos del país, siempre se albergó la esperanza que en un momento dado, los estados Unidos haría algo que restaurara la libertad de Cuba y casi, como de una forma inconsciente, se dejó en manos de los gobernantes norteamericanos nuestra responsabilidad de cambiar el curso de la historia en nuestra nación.

La frustración por no poder alcanzar logros significativos contra un poder consolidado, de control absoluto y una represión despiadada también fue causa de esa inercia social, que exigía no hacer nada, aunque de una forma u otra siempre hubo personas que pasaron los límites de sus posibilidades y pagaron hasta con sus vidas sus intenciones de alcanzar la liberad.

Esta inercia social que ha sido la etapa más larga de nuestra lucha, ha dividido nuestro tejido social en dos vertientes, los que de una forma u otra tratan de acomodarse a una situación que perdura, sacando ventajas económicas a una situación real y los otros con ese patriotismo ilustrado (aunque muchas veces no deja de ser real) tratan de mantener viva la idea de una república libre y soberana, pero ambas cosas han producido un desgaste físico y moral de nuestra causa, que nos deja sin estrategia y actuamos a la rispota, cosa que aprovecha muy bien el adversario para imponer nuestro comportamiento a partir de sus acciones provocadas.

La falta de una estrategia inteligente y estructurada, tanto dentro de la Isla como desde el exterior, nos ha dejado sin un liderazgo reconocido, con una búsqueda constante de revertir una situación política, sin analizar los fundamentos históricos y estratégicos del adversario, descuidando sus principales puntos débiles.

El no enfocar nuestra lucha hacia los problemas de injusticia social, nos descalifica ante un gobierno de filosofía izquierdista, que teórica y manipuladamente se preocupa por ella, y nos lleva a todos bajo la teoría del Animalismo de George Orwell.

No existe una iniciativa de lucha nacionalista, con pasos concretos y escalonados para regresar a la Patria por el derecho internacional que nos asiste de volver a ella, ni un mecanismo de financiamiento o fondo común de apoyo para los diferentes programas de nuestra causa.

Intuye en todo esto la falta de liderazgo, por tanto no hay poder de convocatoria ni capacidad movilizativa, lo que hace suponer que no existen las condiciones objetivas si subjetivas de la oposición para formar gobierno, razón por la que los negociadores de un cambio en Cuba centran su estrategia en las propias autoridades cubanas como única representación política, aunque muchas veces se presenten investidas de intenciones y motivaciones económicas.

Si las clases sociales no desaparecen, sino que se mudan o cambian de estadíos, entonces bien pudiéramos estar regresando a etapas anteriores de nuestra vieja República. Lo que suceda después estará condicionado a factores circunstanciales que se pueden ir evaluando según su desarrollo.