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Estatismo e informalidad
Porfirio Cristaldo Ayala


Los empresarios advierten que el creciente sector informal que afecta a más del 70% de la economía puede convertir al Paraguay en un país inviable en la esfera internacional, eliminándolo del mapa de las inversiones y negocios. Para combatir este mal están organizando un "pacto ético" que certificará la conducta ética de los empresarios y ayudará a formalizar a los numerosos "empresarios fantasmas" que han hecho del mercado negro y la corrupción su ventaja competitiva, dicen.

El pacto propuesto, sin embargo, confunde causa con efecto. El inmenso sector informal no es sino el efecto visible del estatismo. En el mundo, cuanto más estatistas son los países, mayor es su pobreza, informalidad y corrupción. Por eso, en tanto no se establezca una genuina economía de mercado, todo el esfuerzo para combatir la informalidad será un fracaso, lo mismo que en la lucha contra la corrupción y pobreza. De nada sirve atacar la informalidad, corrupción y pobreza, si no se modifican las causas que lo originan: el estatismo.

En el país, la mayoría de los que trabajan lo hacen doce o más horas al día, no tienen seguridad social y cobran bastante menos del sueldo mínimo legal. ¿Cómo solucionar esta informalidad? Una posibilidad es que el Gobierno haga cumplir la ley, realizando controles masivos y aplicando fuertes multas a los empleadores. El resultado sería una catástrofe. Muchas personas perderían su trabajo y quedarían en la calle. Se estima que en el mercado negro laboral trabaja más del 60% de la población económica activa.

Los economistas enseñan que las leyes laborales populistas y los salarios mínimos no adecuados a la productividad son las causas principales de la desocupación y pobreza. Los empresarios informales, que son los que crean más fuentes de trabajos, no pueden pagar a sus empleados más de lo que estos producen. Tampoco pueden cumplir con las leyes tributarias y ambientales, si pretenden mantenerse en el negocio. Solo un reducido grupo de empresarios fuertes trabajan legalmente y pueden cumplir con casi todas las normas.

En Paraguay, como en muchos otros países pobres, las leyes excesivamente intervencionistas no se cumplen. El hecho que no se cumplan, sin embargo, evita sus efectos más graves. Pocos empleados ganan el salario mínimo y acceden a la seguridad social, pocos empresarios pagan sus impuestos y cuentan con licencias y permisos para operar sus negocios, y son mucho menos los que invierten en la protección ambiental. Únicamente las grandes y medianas empresas pueden operar en la formalidad. El resto sobrevive pagando coimas.

No hay "empresas éticas" entre las microempresas, vendedores ambulantes, pequeños talleres, etc. Y no importa cuanta coerción se les aplique no se conseguirá hacerles cumplir leyes absurdas e inmorales. Para sacarlos de la clandestinidad es preciso simplificar y bajar los impuestos, adecuar la ley laboral a la realidad y eliminar los trámites caros y engorrosos requeridos para legalizar las empresas. Los informales desean la legalidad pues los costos de la corrupción, las malas leyes y la justicia ineficaz recaen sobre ellos impidiéndoles progresar.

Pero en el país los pequeños empresarios que pretenden ser honestos quiebran o se ven obligados a emigrar. Sobreviven los que se someten a la corrupción. Pagan coimas a inspectores, policías, mafiosos y jueces corruptos, a expensas de la expansión, modernización y capitalización de sus empresas. Se hunden en el atraso. En cambio, los empresarios amigos y los tramposos prosperan mediante las ventajas, franquicias, privilegios que les da el gobierno. Los buenos negocios generalmente les están reservados.

El pacto ético que los empresarios deben hacer es exigir al Gobierno realizar las reformas de mercado, la desregulación y privatizaciones que se precisan con urgencia para acabar con la informalidad, corrupción y pobreza. No es el sector informal el que amenaza con convertir al Paraguay en un país inviable, sino el estatismo mercantilista que promueve, no a los empresarios que compiten y producen decentemente, sino a los evasores y contrabandistas que pagan buenas coimas a funcionarios y políticos.